28 jun. 2015

Si se siembra confianza en la niñez se cosecha confianza en la adolescencia


La confianza que los hijos le tienen a sus padres es un elemento importantísimo, tanto así que lo podemos ver como factor protector de un montón de amenazas contra la salud de las personas, a saber, acoso escolar, adicciones, delincuencia, enfermedades de transmisión sexual, embarazo adolescente, abuso sexual, etcétera, etcétera.

A los hijos, desde que son niños, hay que dedicarles tiempo, más allá de los cuidados básicos (alimentación, vestido, educación, vivienda, salud). Hay que darse tiempo para jugar con ellos, para conversar, para salir y hacer cosas juntos. Si un niño desea conversar o decir algo, no cortarlo aduciendo falta de tiempo. En todo caso, si uno está ocupado o apurado y lo que quiere el niño no es urgente, definir juntos un momento posterior para conversar, no simplemente decir "ahora no" y luego olvidarse que el niño quería conversar. De esta manera los hijos crecerán con la experiencia de que sus papás estaban ahí y se podía confiar en ellos.

Si uno no les da tiempo, no juega con ellos, no los escucha ni conversa con ellos, más adelante, en la adolescencia buscarán mitigar la soledad y llenar el vacío y la falta de apoyo en el grupo de pares o en otras personas (adultos idealizados, por ejemplo) u objetos (redes sociales, videojuegos, drogas), donde estarán expuestos a una serie de riesgos.

Por eso es necesario recordar que a los hijos, desde muy pequeños, hay que dedicarles esas horas de juego, de disfrute y de relación cara a cara, para luego cosechar esa confianza en los años críticos de la adolescencia, donde la confianza en los papás es tan importante como factor protector y como ventaja frente a la vida en general.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo - psicoterapeuta
diego.fernandezc@pucp.edu.pe

13 jun. 2015

Los "atajos" en la crianza


Los padres actuales (...) recurren a una serie de “atajos” para evitar que sus hijos se aburran y armen un berrinche. Por eso no se les olvida llenarlos de aparatos electrónicos mientras esperan una cita médica o esperan a abordar un vuelo o tomar un autobús.

“Los niños también tienen que aprender a ser pacientes. Tienen que aprender a distraerse ellos solos. Tienen que aprender que no toda la comida va a estar siempre caliente y lista en menos de tres minutos, también tienen que ayudar en la cocina” (...).

Lo peor que puede hacer un padre es ir a correr a levantar a un niño cuando se cae: tan fácil como que aprenda a levantarse solo. Se debe de enseñar a los niños que “los atajos pueden servir de ayuda, pero que resulta muy satisfactorio hacer las cosas por la vía lenta”.

Cita tomada de: "Si no quieres hijos malcriados, no hagas esto"

Estos "atajos" que los papás toman son para evitar las dificultades a toda costa, ahorrarse las molestias, salir del paso rápido, evitar el sufrimiento; y con ello les enseñan a sus hijos a hacer lo mismo.

Una mariposa, para salir del capullo, sufre mucho. Pero si viene un hombre y la ayuda a salir, abriendo el capullo, esa mariposa saldrá malformada, pues el esfuerzo de salir del capullo es lo que le da la fuerza para sobrevivir, es lo que moldea su cuerpo, lo que lo fortalece. Una mariposa que emerge sin esfuerzo de su capullo, saldrá débil, frágil, incapaz de siquiera mantenerse en pie.


Eso precisamente hacen muchos papás. El niño se cae y para evitar el llanto, el dolor y el esfuerzo de aprender a levantarse, corren a levantar al niño. El niño se aburre, y para evitar el mal rato, le compran una tablet o una consola de videojuegos o, lo que es peor, un celular.

Todos los amigos del niño juegan un videojuego para adultos que está de moda y para evitar el mal rato y la insistencia del niño, a sabiendas de que eso es negativo, le compran el dichoso juego.

De esta forma, se forman futuros adultos incapaces de esperar, de pensar por más de un momento, incapaces de tolerar las frustraciones que nos esperan en la vida adulta, impacientes, inmediatistas, cortoplacistas.

Es necesario que los papás aprendan qué atajos se pueden tomar, qué molestias, que frustraciones vale la pena evitar, y cuales no. Ante las que es mejor no evitar, hay que armarse de valor, respirar hondo, luchar contra la adversidad, tomar el camino difícil. Sí, es sabido que los caminos fáciles muchas veces traen, a la larga, más mal que bien.

10 jun. 2015

Los berrinches y el injusto linchamiento a los papás

En otras ocasiones sucede que si un niño hace un berrinche, todas las miradas girarán hacia la madre con una mirada reprochadora. En su lugar, la madre debería ser respaldada, porque hay muchas posibilidades de que el berrinche haya tenido lugar por no haber cedido ante alguna de las exigencias de su niño. Más bien, los criticones deberían decirle: "Buen trabajo. Sé lo difícil que resulta poner límites” (...).

Cita extraída de: "Si no quieres hijos malcriados, no hagas esto"


Efectivamente, el berrinche o la pataleta de un niño no revela necesariamente que los papás son malos padres. Es muy probable que esos papás estén poniendo límites a un niño que está probando hasta dónde puede llegar. Es más, puede ser que estos papás estén haciendo un buen trabajo y que esa pataleta sea la primera o segunda en la vida de ese niño, y también posiblemente la última (dependiendo de cuán adecuadamente se comporten los papás).

A veces las personas nos apresuramos a juzgar. Es necesario que los niños aprendan que con berrinches, pataletas, manipulaciones, amenazas o escándalos, no van a conseguir nada bueno en la vida. Los papás que tienen que lidiar con un berrinche sí necesitan el apoyo de la comunidad y no la reprobación injusta, pues en esa lucha se está definiendo la calidad de un futuro ciudadano.

Más bien al avergonzar a estos padres con miraditas o murmullos, se los está haciendo sentir muy mal. Si esos padres no toleran esta presión social, podrían ceder ante la exigencia del niño para que este deje de exponerlos al castigo de la sociedad con sus gritos y sus escándalos. De esa forma, nosotros, los adultos de esta comunidad habremos contribuido con la formación de un niño con problemas y, en el peor de los casos, con la formación de un mal ciudadano.