19 nov. 2012

La música: aliada de la salud física y mental


En un artículo titulado "Música y neurociencias", los autores mencionan que a raíz de las investigaciones se ha propuesto que la música, a pesar de no ser necesaria para sobrevivir, sí «puede ser significante para mantener una salud física y mental» (página 163).

Escuchar música (respetando a los demás, por supuesto) puede, por tanto, ser un factor importante para mantener la salud de las personas, y hay quienes dicen que también de los animales y de las plantas. Efectivamente, algunas personas afirman que poniendo música suave en el lugar donde están las plantas, éstas tienden a crecer más fuertes, vitales y frondosas.

Para los niños y adolescentes

- Si su hijo manifiesta deseos de aprender a tocar algún instrumento, de cantar o de bailar, podemos aplicar lo mismo que mencionamos en una entrada anterior acerca de los deportes: aproveche la oportunidad de que su hijo se interesa por algo que le hará bien y concédale el deseo, sin condicionarlo a las buenas notas o al buen comportamiento. Si su hijo le toma gusto a un instrumento o al canto, no sólo escuchará mucha música, sino que también la hará él mismo, generándole muchos beneficios a su desarrollo, por la cantidad de habilidades que tendrá que poner en marcha para interpretar, ejecutar o incluso componer.

En el caso de la danza, del mismo modo, la cantidad de funciones que la persona debe desplegar para la ejecución y la interacción con la música le otorgarían, con la práctica, otros tantos beneficios. Además, con la danza, las personas realizan trabajo físico, lo que ya de por sí es muy valioso para la salud física y mental.

- Si usted es padre o madre y sabe tocar algún instrumento. Ofrézcale a su hijo aprender a tocar para hacer música juntos. Si su hijo o hija se anima y llegan a establecer una práctica, la relación entre ustedes podría mejorar notablemente o mantener sus niveles óptimos, además de aplicarse las mismas ventajas que se mencionaron en el punto anterior.

- Lo mismo que se mencionó acerca de la lectura en otra entrada, se aplica para la música. Nunca se debe obligar a un niño o adolescente a practicar música, canto o danza. La persona debe hacerlo porque lo desea. La obligación puede hacer que el niño o adolescente crezca sintiendo rechazo a una actividad buena.

Para los adultos y adultos mayores

- Si usted es adulto y desea retomar su práctica, hágalo sin pensarlo mucho. Le hará mucho bien.

- Si usted es adulto y no sabe tocar ningún instrumento, ni cantar, ni bailar, pero siente deseos de aprender alguna de estas disciplinas, no se desanime. Hay muchas personas que han empezado siendo mayores y han reportado beneficios significativos para su salud, además de satisfacer su deseo y pasarla muy bien con su nueva actividad. Si sus papás no pudieron dárselo siendo niño, podría pensar en dárselo usted mismo ahora que es adulto.

Referencia

Masao, Ricardo; Martínez, Alma; Vanegas, Mario (2010). "Música y neurociencias". En: Archivos de Neurociencias. Volumen 15. Número 3. Julio - septiembre 2010. Páginas 160 - 167.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

12 nov. 2012

Ambientes enriquecidos versus ambientes empobrecidos

En un documento de la Universidad de Huelva encontramos esta imagen:


Si los hombres de ciencia realizan este tipo de experimentos en animales es porque su ética les impide llevarlos a cabo en seres humanos; pero la intención (justificada o no) es obtener información que pueda servir para comprender precisamente a las personas.

Aquí tenemos a unas ratas que crecen en ambientes empobrecidos (b), sólo con las necesidades básicas satisfechas. Luego tenemos a otras en ambientes un poco más enriquecidos (a), donde por lo menos hay otras ratas con las que se comparte. Y, finalmente, tenemos a otras que han crecido en un ambiente más rico en elementos, donde no solamente hay alimentos y otras ratas, sino más espacio y la posibilidad de hacer otras actividades como jugar o ejercitarse (c).

El texto de la imagen enumera las ventajas que se encontraron en las ratas que crecieron en ambientes enriquecidos. La pregunta es si se podría pensar que esto mismo se puede aplicar a los niños.

Ahora niños

Pensemos en un primer niño que crece solo, juega solo, come, bebe, duerme y se encuentra confinado en su casa, protegido (o sobreprotegido) por sus padres. Ahora pensemos en un segundo niño que, además de tener las necesidades básicas, tiene la posibilidad de compartir con otros niños, de jugar, de ejercitarse, de salir, de pasear y de aprender cosas nuevas. ¿Podría ser que efectivamente este segundo niño tenga ventajas sobre el primero?

Las mismas conclusiones

Nuevamente podemos llegar a las mismas conclusiones a las que llegamos en entradas anteriores (véase estas entradas: 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7). Los padres deben jugar con sus niños, dedicarles algo de tiempo y no limitarse sólo al trabajo, deben animarlos a hacer deporte o hacer deporte con ellos, deben enseñarles ellos mismos cosas nuevas y no esperar a que sean los profesores los únicos que lo hagan. Si el papá sabe hacer música, enséñele música a su hijo o hija. Si la mamá sabe bailar, enséñele a bailar a su hijo o hija. La idea aquí es compartir aquello que nos apasiona con nuestros hijos y divertirnos también nosotros.

Asimismo, se les debe dejar jugar en ambientes adecuados, con otros niños de su edad, no confinarlos en la casa o condenándolos a relacionarse sólo son adultos. Haciendo esto constantemente (sin caer en exageraciones y en la sobreocupación, privando a los niños de momentos de paz y descanso) los niños desarrollarán mejor su sistema nervioso y tendrán mucha mayor capacidad de aprendizaje, lo que les dará mayores posibilidades de forjarse un buen futuro. La idea, finalmente, es enriquecer la vida y el desarrollo de los niños.

Referencia

Fundamentos biológicos del aprendizaje y la memoria. Universidad de Huelva. Departamento de Biología Ambiental y Salud Pública. Puede leer este documento aquí.