27 ene. 2012

Tratamientos psiquiátricos mal llevados (segunda parte)

En la entrada anterior veíamos que muchas veces las personas que siguen un tratamiento psiquiátrico actúan de tal forma que acaban transformando dicho tratamiento en uno que no es el que indicó el médico. Enumeramos tres formas de hacer esto:

1) Variar las dosis según sus propios criterios.
2) Decidir qué medicamentos tomar y cuáles no, cuando se le han indicado dos o más productos.
3) Abandonar el tratamiento médico.

Ya desarrollamos las dos primeras. Ahora veremos la tercera:

3) Abandonar el tratamiento médico:

Aquí confluyen en el fondo todas las acciones que van en contra del tratamiento indicado: la persona se da de alta a sí misma unilateralmente, sin participación del profesional. Efectivamente, alguien puede abandonar su tratamiento o decidir que su hijo abandona el tratamiento por todos los motivos expuestos anteriormente, sea por motivos económicos, sea porque está harto de seguir consumiendo medicamentos, sea porque "no está de acuerdo" con el médico, sea porque cree que ya no lo necesita o porque le trae efectos adversos que ya no quiere experimentar, o por una amalgama de más de uno de ellos.

Imagen alojada por servimg.com
Ilustración: Lucía Fernández

También está el clásico "no sigo con el tratamiento porque no me ha servido de nada... sigo igual de mal". Muchas veces, esta acción y esta razón que la sustenta sobrevienen después de que el paciente ha hecho con el tratamiento cualquier cosa excepto lo que le indicó el psiquiatra, es decir, después de que el paciente estuvo disminuyendo o aumentando sus dosis o después de que se estuviera suprimiendo uno de los fármacos recetados. Otras muchas veces se llega a la determinación de abandonar el tratamiento acusándolo de inefectivo cuando el paciente lo ha llevado indisciplinadamente, saltándose tomas de forma seguida, no tomando las medicinas por días consecutivos, tomándolas a deshoras, no siguiendo el tratamiento los fines de semana por estar de fiesta o de salidas con los amigos, consumiendo sustancias que interactúan mal con el medicamento, etc.

Muchas veces también, cuando he escuchado esto de "ya no sigo porque no me sirve de nada" y he preguntado hace cuánto que no ve al médico, me he encontrado con la sorpresa de que el paciente no ha ido a sus controles con el médico hacía meses. Yo me pregunto, ¿cómo no va a ser inefectivo el tratamiento si la persona no lleva sus controles? En este caso, el paciente está llevando el tratamiento ajustado para un momento pasado, meses atrás, no ajustado para el momento actual. El tratamiento psiquiátrico, en muchísimas ocasiones es variable, susceptible de regularse y modificarse según el momento y las circunstancias. Si uno no va a sus controles, es probable que en algún momento su tratamiento se desfase.

¿Por qué no es aconsejable interrumpir de esta manera un tratamiento psiquiátrico? Razones podemos encontrar muchas. Veremos algunas de ellas:

- Porque no es por gusto que a uno se le hayan recetado medicamentos; es porque uno está padeciendo de algo. Al interrumpir el tratamiento médico se le da luz verde y continuidad al padecimiento, a menos que se tenga una alternativa de salud.

- Porque las medicinas recetadas son sustancias que generan cambios en nuestro organismo. Es posible que el organismo del paciente necesite un retiro gradual de la medicación, no un retiro abrupto, y el único capacitado para definir estas cuestiones es el mismo médico, nunca el paciente.

- Porque se corre el riesgo de retroceder en el posible avance en el control de los síntomas, pudiendo incluso empeorar la situación inicial con una recaída.

- En el tratamiento de adolescentes: los menores guardan la experiencia (negativa para su adultez) de que el tratamiento médico es inefectivo y que posiblemente les generó más molestias que beneficios. Una vez adultos, estos adolescentes recordarán malas experiencias de tratamientos de salud, cuando no tendría por qué ser así, por lo menos en este caso. Esto genera desconfianza hacia el médico y resistencia a buscar ayuda en temas de salud.

- En el tratamiento de niños: se somete a los niños a un comportamiento negligente por parte de sus padres. Puede que en ese momento el niño no lo entienda o no lo perciba, pero eso no quita el hecho de la negligencia contra sus propios hijos. Por otro lado, he visto casos en los que aquellos niños hechos jóvenes les preguntan a sus padres por qué es que no encontraron solución a su malestar en ese momento. Uno como padre, ¿qué hace? ¿Le miente a su hijo o le dice la verdad acerca de su irresponsabilidad?

Conclusión

Como conclusión es necesario repetir las dos máximas que se propusieron en un principio, habiendo ya mencionado algunas de las razones que las pueden sustentar:

1) Hacer con los medicamentos y con el tratamiento exactamente lo que el médico ha recomendado; y enfatizando: exactamente, ni más ni menos. Esto contempla por supuesto los controles: si el médico dice que el paciente debe regresar en un mes a verlo, eso exactamente es lo que debe hacerse. Hay que apuntarlo en la agenda, poner un recordatorio en el teléfono o lo que sea necesario para no olvidarse.

2) Contarle al médico todo lo que tenga que ver con la medicación y con el estado de salud (física y mental) del paciente. Para ello uno tiene que sacar cita con el médico apenas vea que haya cualquier duda o hecho importante. Hay que recordar que el médico no llamará a su paciente; es el paciente quién debe comunicarse.

Hay que recordar, finalmente, que sólo siguiendo las recomendaciones podremos esperar obtener los resultados que deseamos. Si no hacemos lo que se recomienda no podremos confiar en que lograremos avance alguno.


Diego Fernández Castillo
Psicoterapeuta
diego.fernandezc@pucp.edu.pe

26 ene. 2012

Tratamientos psiquiátricos mal llevados (primera parte)

Imagen alojada por servimg.com

En las siguientes dos entradas hablaremos acerca de un fenómeno bastante común entre los pacientes que están siguiendo un tratamiento psiquiátrico: el de recibir la receta y las indicaciones del médico, ir a su casa y de pronto hacer cambios en dicho tratamiento sin consultarle al profesional a cargo, de tal forma que no se hace lo que se recomendó sino que se hacen cosas diferentes esperando, un poco ingenuamente, los mismos resultados.

Lo que se debería hacer con el tratamiento psiquiátrico

Adelantando un poco la conclusión a la que quisiera llegar, cuando uno sigue tratamiento con un médico psiquiatra habría por lo menos dos máximas (se presupone que haya confianza en el profesional y que éste sea un médico adecuado):

Máxima 1: hacer con el tratamiento y los medicamentos recetados exactamente lo que el médico ha recomendado, ni más ni menos.

Máxima 2: contarle al médico todo lo que tenga que ver con la medicación y con el estado de salud (física y mental) del paciente. Para ello uno tiene que sacar cita con el médico apenas vea que haya algo qué conversar. Los médicos no suelen llamar a sus pacientes, uno tiene que buscarlos.

Lo que no se debería hacer con el tratamiento psiquiátrico

Sin embargo, pareciera que hay una suerte de tendencia cuando se trata de llevar tratamiento médico con un psiquiatra. Se tiende mucho a actuar y manejar los medicamentos al margen de la recomendación médica. Los pacientes o los papás de los pacientes (cuando se trata, por ejemplo, de menores de edad) parecen tender a:

1) Variar sus dosis según sus propios criterios.

2) Decidir qué medicamentos tomar y cuáles no, cuando se le han indicado dos o más productos.

3) Abandonar el tratamiento médico.

Las tres opciones suelen traer resultados muy negativos. Veamos ahora las dos primeras y la tercera en la siguiente publicación:

1) Variar sus dosis según sus propios criterios

Las personas pueden optar por esta acción cuando por ejemplo:

a) Se presentan efectos secundarios indeseables, como somnolencia, asco a la comida, euforia o sensación constante de cansancio:

Es probable que efectivamente disminuyan los efectos secundarios, haciendo sentir al paciente o a sus padres que tenían razón. Nada más equivocado. Ese paciente estará ahora en riesgo, por ejemplo, de ver agravados posteriormente sus síntomas o tal vez de no encontrar efectividad en
el tratamiento.

Lo que se debe hacer en este caso es sacar una cita con el médico e informarle acerca de la presencia e intensidad de los efectos indeseables. El médico es la única persona capacitada para utilizar esa información y recomendar acciones para aliviarlos.

Imagen alojada por servimg.com

b) Cuando el paciente o sus padres ven que hay mejoría aparece la tentación de retirar paulatinamente el medicamento, sin consultarlo con el médico:

La idea es más o menos la misma. Si se lleva a cabo una disminución paulatina o, peor aun, abrupta de los medicamentos o productos recetados sin hacer partícipe de esto al médico a cargo, se corre un riesgo muy grande de precipitar una finalización de tratamiento antes de tiempo, lo que a su vez podría traer un retroceso en lo avanzado o una "recaída", con lo que los síntomas regresarían con más fuerza. Parte de lo lamentable de estos hechos es que la inversión de tiempo, de dinero y de disposición por parte del paciente y/o sus padres no habría alcanzado sus objetivos, quedando quizás la experiencia de aprendizaje, si acaso el paciente o sus padres son conscientes de su propia responsabilidad en el fracaso.

2) Decidir qué medicamentos tomar y cuáles no, cuando se le han indicado dos o más productos

Muchas veces, los médicos recetan más de un producto a un mismo paciente. Y muchas veces los pacientes o sus padres optan unilateralmente por decidir cuál de ellos toma y cuál no toma. Esto puede ser muy perjudicial, puesto que con ello se puede estar descompletando una estrategia de tratamiento que necesita del conjunto que el psiquiatra ha armado y que si se quita una o más partes, se vuelve ineficaz o incluso dañino para la persona. Esto se puede entender como una máquina a la que se le quitan piezas y se pretende que siga funcionando.

Las razones por las que las personas hacen esto con las indicaciones de su médico también incluyen las dos razones de la sección anterior (efectos secundarios indeseables, en este caso del medicamento rechazado, y/o mejoría del paciente). Pero también podemos hablar de otras razones, por ejemplo:

a) “No me gusta la idea de tomar tantas pastillas” o “no me gusta la idea de que mi hijo tome tantas pastillas”:

En este caso cabe preguntarse si uno está dispuesto a ponerse en manos de la ciencia médica o quizás prefiera otro tipo de intervenciones en salud que ofrezcan remplazar a la medicina científica. Si uno opta por la medicina científica debería seguir las indicaciones correctamente, pues con este tipo de acciones lo que puede lograr es el efecto contrario, es decir, que el tratamiento médico sea menos efectivo y que por tanto dependa más tiempo de las pastillas que la misma persona no desea utilizar.

b) “No estoy de acuerdo con parte del diagnóstico del doctor y, por tanto, no tomaré el medicamento o medicamentos para aquello que creo que no tengo”:

Por ejemplo, el psiquiatra ve que el paciente está muy temeroso e inseguro y que, además, está deprimido; pero el paciente no cree que él esté deprimido, así que no toma los antidepresivos. Lo mismo se puede dar con niños. En ese caso, son los papás los que no siguen lo que dice el médico.

Ya de por sí, es poco saludable mostrarse “en desacuerdo” con lo que dice el médico, por la sencilla razón de que uno no es médico y, por tanto, no sabe diagnosticar ni descartar un diagnóstico. Es como si el cliente le dijera a su contador, “no estoy de acuerdo con los impuestos que tengo que pagar, así que no los cancelaré”. La consecuencia obvia será una buena multa por parte de la SUNAT. En general no es saludable “estar en desacuerdo” con un profesional de una rama cuando uno no lo es.

Por otro lado, lo más probable es que lo que el médico entienda por “depresión” sea bastante diferente de lo que el paciente entiende por “depresión”. Por eso es mejor, en vez de “estar en desacuerdo”, escuchar la explicación del médico como quien aprende una palabra nueva.

c) “No tengo dinero para comprar tantas pastillas”:

Esta tal vez sea la única de estas tres razones que tenga cierta validez. El problema es que muchas veces los pacientes no le informan al médico esta realidad y se van de la farmacia simplemente con la idea de no cumplir con la totalidad del tratamiento, en vez de pensar “esto es muy costoso para mí, tengo que llamar al doctor para contarle”.

Aquí hay que acordarse de que el médico no es adivino; no tiene por qué saber que la persona no tiene los suficientes recursos económicos. Posiblemente el psiquiatra está recetando los medicamentos originales, que siempre son más caros que los genéricos, en ese caso, si el médico está de acuerdo, puede recetar los genéricos y bajar ese presupuesto tan elevado. A veces el médico conoce otras formas o lugares donde conseguir los medicamentos que ha recetado. Recuerdo, por ejemplo, que existía (no sé si aún hoy) una asociación de padres con niños con TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad). Si mal no recuerdo, hacerse socio de ella traía el beneficio de acceder a precios especiales en las medicinas para TDAH. En su momento tuve información de que habían muchos papás que accedieron a estos beneficios hablándoles a sus médicos acerca de la dificultad económica.

Y posiblemente, si no hay otra salida, haya que variar la estrategia de tratamiento para bajar el costo. En fin, hay muchas posibilidades de solución, pero para acceder a esas posibilidades hay que contarle el problema al médico y no simplemente quedarse callado y seguir el tratamiento a medias, poniendo en riesgo la salud del paciente.

Continuará en la siguiente entrada