16 dic. 2011

Cuidado: no todos los videojuegos son aptos para menores

Varias veces he escuchado a profesionales reflexionando acerca del impacto de los videojuegos en el desarrollo de los jóvenes de esta época. Generalmente escucho valoraciones negativas. Por ahí escuché a alguien comentar que con los videojuegos violentos los niños se estaban acostumbrando a matar con sólo hacer un click.

La satanización de los videojuegos


Sí, es verdad. En muchísimos videojuegos presionas una tecla y, como consecuencia, disparas, golpeas, lanzas algo, apuñalas o atacas con cualquier cosa. Sin embargo, parece que nos olvidamos de que se trata de juegos, y los que juegan, en su mayoría, saben que se trata de un juego, de una situación simulada, no real.

Al tomar una pistola de juguete y hacer “bang” también se mata a alguien... de juego. Si el niño tiene padres que no le compran armas de juguete, al jugar a pelear a muerte con un rival también se lo está matando... nuevamente de juego. La muerte se juega en innumerables ocasiones a lo largo de la vida de los niños y adolescentes, y eso es así desde tiempos inmemorables.

Con la violencia pasa lo mismo. No se necesita estar sentado frente a una computadora o a una consola para jugar a violencia. En suma, a veces no sólo olvidamos que los videojuegos son juegos, sino que también creemos que son los únicos juegos violentos que existen.

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Captura de pantalla de Star Wars III: The Clone Wars, videojuego de acción apto para niños a partir de 7 años.

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Portada de Star Wars III: The Clone Wars. Poner atención en el número que figura en la esquina inferior izquierda; indica que el juego es apto para niños a partir de los 7 años (hacer click en la imagen para verla en su tamaño original).

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Captura de The Legend of Zelda: Twilight Princess; acción apta para adolescentes.

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Portada de The Legend of Zelda: Twilight Princess. Nuevamente poner atención en el aviso para padres. Se indica que el juego es apto para jóvenes de 12 años en adelante.


Videojuegos para adultos


Pero hay otra cosa tanto o más importante que la anterior, y esta no es que la olvidamos sino que en muchos casos la ignoramos por completo. No todos los videojuegos son aptos para niños y no todos los videojuegos son aptos para adolescentes. Al igual que en el cine, la televisión o la literatura, existen videojuegos cuyo público objetivo es un público exclusivamente adulto y, lamentablemente, muchas veces he sabido que estos videojuegos están en las consolas o en las computadoras de muchos niños o adolescentes, suministrados por sus propios padres.

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Captura de Assassins Creed II. Sin duda este tipo de gráficos puede seducir a muchos menores de edad. Lo cierto es que Assassins Creed II ha sido calificado como un juego de adultos.


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Con esto quiero resaltar que de repente no es que los videojuegos sean productos moralmente malos que están descarriando a nuestros hijos, sino que los estamos utilizando de muy mala manera. Por ejemplo, pensemos en la televisión. Supongamos lo siguiente: si dejáramos todos los canales de televisión abiertos y libres las 24 horas del día, sin horarios de protección y sin cuidado de los padres, posiblemente encontraríamos púberes enganchados con pornografía a diestra y siniestra. En ese caso, ¿es la televisión la que es mala o es que se está utilizando muy mal esa tecnología? Pues bien, puede que lo mismo ocurra con los videojuegos en muchas familias. Muchos papás, sin proponérselo, están exponiendo a sus hijos a contenidos absolutamente inadecuados para su edad, cuyos fabricantes los han desarrollado pensando en los adultos de la casa y no en sus hijos.

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Captura de War in the North, un videojuego que gira alrededor del universo creado por J.R. Tolkien, creador de El Señor de los Anillos. Muchos papás podrían pensar que esto sería perfecto para sus hijos, pero no cuentan con que War in the North también ha sido calificado como apto sólo para adultos.

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En suma, hay que informarse acerca del producto que le vamos a regalar a nuestros hijos antes de comprarlo. Hay que recordar que el hecho de que se trate de un videojuego no quiere decir necesariamente que sea apto para menores.


Finalmente...

Para muestra un botón: cuatro excelentes videojuegos, los cuatro se ganaron su sitio dentro de los clásicos de la industria, los cuatros son para adultos, y los cuatro pueden ser encontrados con alarmante frecuencia entre las pertenencias de menores edad e incluso de niños pequeños:

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Una de las entregas de la famosa saga GTA (Grand Theft Auto). Recuerdo muy bien hace un par de años a varios pacientes jugando la versión para Nintendo DS. Uno de ellos tenía 10 años, otro 8 recién cumplidos. En todos los casos, la copia del juego fue obsequio de sus propios papás. Prestar atención al recuadro de la esquina inferior izquierda. Es un sistema de clasificación diferente al que hemos mostrado hasta ahora. La "M" significa "Mature" y quiere decir que el juego es apto sólo para mayores de 17 años.


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La primera entrega de la saga Resident Evil, también conocida como "Biohazard". Este juego data de 1996, pero desde entonces salieron muchas secuelas hasta la actualidad. Incluso salió una versión de esta primera parte para la consola portátil Nintendo DS, de uso de muchísimos niños y adolescentes de esta época.

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Silent Hill es otra saga de videojuegos, similar a Resident Evil, pero más siniestra, oscura y terrorífica. Su trama es sumamente compleja, se diría incluso filosófica, sólo una persona con cierta madurez podría entender realmente de qué se tratan estas historias, lo que significa que sólo una persona madura podría entender a qué está jugando realmente.

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Y finalmente uno de los juegos de la saga Call of Duty, un clásico contemporáneo. En este juego la guerra se muestra (y se juega) en todo el realismo y brutalidad posibles actualmente. Para comprobar la cantidad de niños y adolescentes menores de 17 años que juegan este videojuego o algún otro de la saga, basta con ingresar a jugar multijugador por internet. Ahí usted podrá encontrarse con muchísimos menores jugando diariamente. También recuerdo pacientes jugando Call of Duty. El menor que recuerdo tenía 8 años y su copia de Call of Duty fue obsequiada, nuevamente, por sus papás.

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Captura de Call of Duty 4: Modern Warfare (hacer click en la imagen para verla en su tamaño original).


Diego Fernández Castillo
Psicoterapeuta
diego.fernandezc@pucp.edu.pe


8 dic. 2011

Ciclo de la agresión en la pareja

En las últimas entradas hemos venido hablando de la agresión y de la violencia. Hablamos de la agresión de padres a hijos y de la agresión de hijos a padres. Ahora daremos una mirada a la agresión en la pareja, a propósito de una imagen que encontramos en internet:

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Se trata de una imagen muy clara del círculo vicioso que se da en muchas parejas que funcionan con el ingrediente del maltrato físico y/o psicológico. Para que el círculo se mantenga vivo es necesario que ambos miembros de la pareja lo permitan: el agresor ataca y luego se arrepiente; y el agredido se deja atacar y luego perdona. Es importante cosiderar esto último para evitar caer en la tentación de creer que uno es el malo de la película y el otro es la víctima indefensa. En la mayoría de casos el agredido no sólo permite ser agredido sino que lucharía por mantener su relación tal cual está.

Si hablamos de necesidades de salud mental, ambos miembros necesitarían apoyo profesional. Asimismo, el hecho de que no haya buenos ni malos en estas relaciones de pareja, no quita la necesidad de que los profesionales (judiciales, de salud, asistencia social, autoridades) apoyen y ofrezcan su trabajo a uno o ambos miembros de una pareja de estas características que deseen salir de este círculo. Por ejemplo, no se trata de que el policía que recibe la denuncia le diga a la mujer maltratada "¿te ha pegado? ¿qué habrás hecho, pues?". Se trata de que reciba la denuncia y le dé curso; hay una mujer que desea salir del círculo y eso merece toda la dedicación posible. Además ella tiene razón, nadie puede pegarle.

Finalmente, hay que considerar variantes en este círculo que hemos compartido con ustedes. Puede que no haya golpes sino insultos, puede que no haya fase de arrepentimiento, puede que se inviertan los papeles y sea ella quien le pega a él, puede que se trate de una pareja homosexual. En fin, hay muchas posibilidades donde lo común es el maltrato que se recibe de la pareja.

4 dic. 2011

¿Pegan a un papá?

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Ilustración: Lucía Fernández

La semana pasada bajaba por las escaleras de un estacionamiento cuando fui testigo de una escena peculiar, aunque nada nueva. Por delante había una mamá que bajaba por las escaleras; detrás un niño de unos nueve o diez años con su papá al lado bajaban los primeros escalones. Por alguna razón al niño le costaba bajar y su papá lo estaba animando. El niño, sintiéndose presionado protestó diciendo que no le era tan fácil y de pronto ¡zas! Levantó la mano y le dio a su papá en la espalda. Si no le llegó a dar, tuvo la clara intención de hacerlo y el papá vio el intento. De todas formas creo recordar que sí le dio.

Seguidamente el papá dijo algo en tono explicativo. La mamá ya se encontraba abajo y no decía nada. Entonces el niño respondió argumentando y concluyó con un sonoro “papá, ¡¿qué tienes en la cabeza?!”, bastante agresivo, bastante irrespetuoso, chocante e incómodo, al menos para mí.

Bueno, ya sabemos lo que significa la pregunta de qué tienes en la cabeza. Se trata de la sospecha de que la persona no tiene sesos en la cabeza y de que tal vez tenga otra cosa, como podría ser materia fecal, completando el ya conocido “¿acaso tienes caca en la cabeza?”. En pocas palabras, “papá, te estás comportando como un imbécil”.

Las cosas no pasan porque sí

Como dije, este tipo de situaciones no son nuevas. Lamentablemente he podido ver varios casos de niños o adolescentes que aparecen encima de sus padres, ordenando, condicionando, amenazando, chantajeando, castigando, reprendiendo e incluso golpeándolos.

Este tipo de cosas no suceden por asuntos circunstanciales, no se dan de un momento a otro, no se dan sin toda una historia detrás. Por lo general, un niño subido sobre la autoridad de sus papás tiene tras de sí toda una historia de falta de autoridad y de límites que seguramente se remonta directamente a sus primeros meses de nacido.

Por ejemplo, podemos tener a unos papás o a un papá o mamá sintiéndose culpables por cualquier cosa con su bebé, temerosos, sobreprotectores o tal vez, al contrario, negligentes pero igualmente muy culposos. En una entrada anterior veíamos que a veces los papás se sienten culpables por el sólo hecho de desear salir con su pareja y dejar al bebé en casa al cuidado de otra persona, como si esa fuera la gran irresponsabilidad.

O por ejemplo, podríamos ver a un niño o niña sentados en su silla, aprendiendo a comer y de pronto, ¡zas! Un manazo a su mamá. O de pronto, ante su rabia y frustración, ¡zas! La cuchara con todo y comida sobre la cara de la mamá. ¿A qué atina la mamá?

Probablemente débil y sintiéndose culpable por sólo imaginarse alzando la voz o reprendiendo fuertemente a su niño o niña, acabe sólo diciendo alguna cosa o manifestando su molestia. De esa forma, esa criatura que recién aprende a comer sola, recibe ya el mensaje de que si quisiera podría lanzarle cosas a sus padres y de que no habría otra consecuencia más que la molestia de ellos, y a veces ni siquiera eso. No nos sorprenderá entonces ver a un niño más grande o adolescente completamente entronado sobre sus padres.

Los límites desde el comienzo

En esta entrada no voy a detallar cómo poner límites a los niños ante situaciones particulares. Espero poder publicar entradas con consejos específicos más adelante. Lo que quisiera dejar claro acá es que un niño no puede tener siquiera la posibilidad de alzarle la mano a sus papás, no debería poder insultarlos ni decir palabrotas delante de ellos, y tampoco debería tener el poder de manejarlos según sus deseos.

Desde muy pequeñitos los niños deben ir experimentando el hecho de que sus papás son la autoridad, de que ellos son los grandes, de que ellos los cuidan y de que ellos están a cargo. Cuando el niño o niña pega, insulta o maltrata a sus padres, ese niño o niña experimenta a unos papás sin autoridad, pequeños y débiles. Esto lo que genera es una sensación de inseguridad, de desconfianza, de desamparo, de descontrol, de culpa, entre otras, dado que si no hay alguien fuerte, si no hay autoridad, si no hay quién esté a cargo, ¿quién le da seguridad al niño? ¿Quién lo sostiene? ¿Quién lo protege si los papás no pueden protegerse ni siquiera de alguien tan pequeño como su propio hijo?

¿Y si no puedo?

Lo que sí se puede recomendar desde ya es lo siguiente: si su niño pequeño (de tres años o menos) está muy agresivo con usted y se da cuenta de que no puede controlarlo, las situaciones se repiten u otros de su confianza se dan cuenta de que usted no está pudiendo manejarlo, es necesario que no pierda tiempo y lo consulte con un psicólogo o psicoterapeuta. Es importante saber que este no es un problema del niño, este es un asunto de usted como papá o mamá, un asunto personal que le impide criar a su hijo con una autoridad y una seguridad óptimas. Si usted opta por mantener la situación como está, esperando a que se resuelva sola, lo que muy probablemente suceda es que su niño crezca con estos condicionamientos y el problema pase de ser suyo, a ser de su hijo con usted y con el mundo que lo rodea, lo que ya es más grave y más complicado de tratar.

Si su niño de cuatro años en adelante o adolescente ya pega, insulta, falta el respeto o tiene excesivo poder sobre ustedes, el problema es tanto de los papás como del hijo. Lo recomendable es llevar a su niño o adolescente con un psicoterapeuta. Lo más probable es que el profesional que lo vea les dé indicaciones a ustedes también como papás.

¿Y si no hago nada?

Las consecuencias de que un niño o niña crezca sin autoridad y sin límites pueden ser enormemente variadas y dependen de la historia particular de la familia. Sin embargo, puedo poner ejemplos variados de consecuencias que he visto en la práctica clínica, muchas de ellas entremezcladas entre sí: trastornos de personalidad (muy graves), niños o adolescentes disociales (perpetran prácticas antisociales o pre delincuenciales), adultos antisociales, ausentismo escolar, bajo rendimiento académico, impulsividad, adicciones (alcoholismo, drogadicción, nuevas adicciones), comportamiento sadomasoquista, problemas de identidad sexual, delincuencia, pandillaje, acoso escolar (como victimarios), fobias, terror nocturno, ansiedad generalizada, depresión, baja autoestima, entre otros.

Lo mejor es ver las consecuencias en ejemplos concretos. Tal vez en una entrada futura recomendemos alguna película o material para poder ver una situación específica que sirva de ilustración a lo que acabo de mostrar.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo - psicoterapeuta
diego.fernandezc@pucp.edu.pe